Mi obra

Es un hecho conocido, al menos entre los pintores, que toda pintura se alimenta de la propia pintura. En los inicios de una carrera, la elección de un camino supone, por tanto, la búsqueda de unas señas de identidad en aquello que no ha precedido. En el caso de Alfonso Pina, esa elección ha mantenido desde muy temprano una clara vinculación con ciertos aspectos, que en el período de las primeras vanguardias del siglo XX, surgieron en torno a la imaginería del surrealismo en su versión más pictórica; aquella que desmarcándose de los escenarios oníricos y descriptivos al uso, indagó en los procesos del automatismo y sobre todo en la creación de un universo formal cercano a lo orgánico, a las construcciones de una especie de biología primitiva de aspecto animal o vegetal.

Es así como la obra de pintores como Picasso, Miró, Matta, Gorky o el primer De Kooning, planean constantemente sobre el trabajo de Pina. No se trata sin embargo de una actitud mimética, sino de la asimilación, a la vez intuitiva y consciente, de un mundo sobre el que poner en juego su capacidad como pintor de superficies de una sensualidad plástica innegable.

Intuición y conocimiento son pues los dos pilares sobre los que se asienta una obra que está en pleno período de formación. Los cuadros presentes son tan solo un punto de partida en esta carrera de fondo que es el oficio de pintar. Por lo demás, el tiempo y su vocación tienen la última palabra.

Carlos Pascual

Escuela de Bellas Artes de Salamanca

Febrero, 2008